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viernes, 11 de abril de 2014

Una vida



Tras este objetivo se esconde una vida. Una vida grande o pequeña, desgraciada o célebre. Puede que sea el asesino de tu hijo, de tu hermano, pero sigue siendo una vida. Una vida que aún se puede arrepentir del mal que ha causado, que aún puede cambiar y dejar las armas.
Aunque esa vida no tiene por qué  ser de un asesino, a lo mejor es de un niño que se cruza por el camino, que con su inocencia sólo va a buscar lo que a otros se les ha perdido. O a lo mejor no hay ninguna otra vida kilómetros a la redonda, ni siquiera la del cadáver sobre el que está sentado el soldado, quieto, frío, sin pulso ni respiración. Su hora ya había llegado, y que tendría, ¿veinte?, ¿treinta años?, ¿tal vez menos? Seguro que sí. Ahora ya no se mueve, no es nada, pronto su cadáver será tierra, de él quedarán los huesos, y la ropa, además del recuerdo de su familia, que esperará eternamente angustiada su imposible regreso.
Por fin ha llegado la hora, el soldado mira, apunta y...

MARINA VEGA FERNÁNDEZ

jueves, 10 de abril de 2014

Fuerza

Nací en una granja, era muy grande y bonita me gustaba correr y saltar por el prado y tocar con mis pies descalzos el verde prado, mis padres alimentaban a los caballos, a los perros, y a todos los animales que había allí y sin duda yo era como ellos,
Vi a mi madre muchas veces montar  en caballo pero mi padre por alguna razón no podía o al menos yo nunca lo vi montar aunque estaba muy ligado a una yegua que un día se encontró por el manto, mi padre me contó muchas veces que aquella pequeña y valiente yegua le había salvado cuando se estaba quemando el bosque, desde entonces le cogió mucho aprecio. Un día la yegua tuvo un potro, yo me quise hacer amigo de él porque había niños en aquella zona. Al principio no se me ocurrió ningún nombre pero al ver su robusto y negro cuerpo, todavía pequeño, decidí llamarlo Fuerza. 
Enseguida crecimos y se empezó a acostumbrar a mí, un día mi padre decidió que yo era lo suficientemente mayor como para poder montarlo, pero también me dijo que los caballos sienten el miedo, el terror y la felicidad, además pero yo solo le hice caso cuando me habló de cepillarlo, bañarlo, darle de comer etc. Pronto entendí lo que significaron aquellas palabras, fui un experto de los caballos y estuve ahorrando durante tres años, y cuando por fin ahorre el dinero necesario me compre una silla y participamos en algún que otro campeonato de la zona, algunos los perdimos y otros los ganamos, pero a mí solo me importaba mi caballo.
Unos años más tarde todo parecía que iba normal, hasta que se empezaron a oír unos horribles estruendos, no me gustaron nada y Fuerza estaba muy alterado, mi madre nos escondió  a Fuerza y a mi en una lugar con poca luz, y muy oscuro, era una especie de cobertizo, con una cama, durante los estruendos mi madre empezó a gritar y yo salí y até a Fuerza para que no se escapara, vinieron unos señores, hablaban en otro idioma, pero enseguida vivieron más a estos si los entendí y me decían que necesitaban  reclutar a gente para la guerra yo me resistí no quería pero me obligaron. De repente algo vino a mi lado era casi como un rayo, era Fuerza que venía hacia mi,  aquella gente se puso a gritar y me dijeron que les diera el caballo pero no lo podía permitir, solo tenía  dos opciones darles a Fuerza para que lo mataran en la guerra junto a otros miles de caballos, o llevarlo conmigo como compañero, el parecía decirme que quería ir conmigo así que nos fuimos los dos juntos como buenos amigos. Antes de empezar, me miro le mire, y nos paramos, alguien me disparo en el hombro y yo me estaba desangrando, Fuerza escapó en cuanto me vio así, me quede inconsciente, no veía no y oía hasta que alguien me lamió la cara, me desperté con la voz de un compañero que allí había conocido, allí, junto con Fuerza me llevaron a curarme y me recupere y finalmente pude volver a casa y correr por el verde campo junto a Fuerza.
Cintia  Díaz del Río

miércoles, 2 de abril de 2014

Solo entre tanta hostilidad...


28 de Julio, 1921
En está foto tengo cinco años, aunque actualmente tengo doce años; recuerdo ese día como si fuera ayer, fue cuando comenzó la “Gran Guerra”, “Primera Guerra Mundial” o como prefieran llamarlo, exactamente hace siete años, en esta fecha, pero en el año 1914, ahora les diré algo sobre la historia que contiene esta foto, sobre la guerra y mi pasado….
Me encuentro en las ruinas de lo que fue la casa de mis abuelos, un rato después de haber perdido a mis padres, no se como ocurrió; sólo sé que la única testigo fue mi hermana pequeña y aunque actualmente tiene diez años, no volvió a hablar desde aquel día. Sí, esta es nuestra historia, pero como la nuestra hubo miles y no es de las peores historias que hay. Después de cualquier guerra lo único que queda es dolor, odio, rabia, ruinas y llanto; además de imágenes horribles de asesinatos crueles que desearías poder borrar de tu mente. Sin embargo, desde aquel día me pregunto, absolutamente cada segundo de mi vida como conseguimos sobrevivir a todo y por qué nosotros vivimos, mientras otros murieron. No logró comprender porque alguien podría querer causar tanto daño en tantos miles de personas, incluso millones. Por culpa de esa guerra mi hermana y yo nos separamos, tras el fin de la guerra nos mandaron a un orfanato y como ella todavía era pequeña la adoptaron al instante, sin embargo, yo sigo aquí y nadie tiene esperanzas de que me quieran adoptar. Por ello, puedo asegurar con total seguridad que la Primera Guerra Mundial me arruinó la vida, ahora ya no me queda nada; sólo sueños y esperanzas que se van rompiendo con el paso del tiempo. A pesar de todo, sé que debería estar agradecido por seguir con vida después de la peor guerra, pero a esto no se le puede llamar vida; simplemente no es vida, tengo recuerdos que me quitan el sueño todas las noches, esperanza de que mi hermana este bien, hambre y frío, debido a la cantidad de niños que hay en este orfanato y la falta de dinero que tienen, casi no tienen ni ropa y comida para todos… Les puedo decir algo muy claro y es que a pesar de todo, no me rendiré, sé que debo ser fuerte por más tiempo, por mi hermana y por toda mi familia, esto no es lo que querrían, aguantaré esto y más, porque se lo debo, estoy seguro al cien por cien que se lo debo, seguramente podría haber evitado su muerte… No hay un día que no piense en ellos, ojalá hubiera evitado su muerte y hubiéramos seguido todos juntos, a veces me siento sólo entre tanta hostilidad…
RAQUEL LECEA MARCOS
4ºESO. IES SELGAS. EL PITO (CUDILLERO)
Fuente imangen: http://laimagendelsiglo.blogspot.com.es/2013/04/documentalismo-la-primera-guerra.html

lunes, 31 de marzo de 2014

Mi papá...


Mi papá… Me acuerdo muchas veces de mi papá; de cuando, por las noches, me leía cuentos para que me durmiese o de cuando, si tenía miedo por las bombas me decía que sólo era una tormenta y que se pasaría enseguida y, aunque yo sabía que no era verdad, me tranquilizaba y me dormía. Ahora que ya no está conmigo me lo imagino en las trincheras recordándome todos los días, luchando para que crezca en un mundo libre de bombas y de gente mala y rezando para que no me pase nada malo.
También me acuerdo de mi mamá. En mis recuerdos ella está más sonriente que nunca, no está ni llorando ni enfadada conmigo porque la guerra ya se ha acabado y mi papá está de vuelta. La última vez que la vi estaba fuera, lavando la ropa y tendiéndola; yo estaba en casa jugando con mi coche y, de repente, escuché a mi madre gritar. Salí fuera y la vi allí…, quieta…, no se movía…, no decía nada…, estaba muerta… Yo no sabía qué hacer, ¿qué le diría a mi papá cuando volviese y mamá no estuviese allí para recibirle?, ¿qué haría yo sin mi mamá? Estaba asustado, tanto que eche a correr sin saber a dónde iba. Después de un buen rato corriendo, me dí cuenta de que empezaba a anochecer, me paré en un lugar lleno de escombros, no sabía dónde estaba, ni si volvería a mi casa… Me senté encima de un montón de tablas de madera apiladas y empecé a recordar todos lo buenos momentos que había pasado con mis papás, con mis abuelos, con mi familia… y me di cuenta de que ya no habría más momentos así, ya no habría más tiempo para jugar ni para pasárselo bien…, en ese preciso instante, me di cuenta de que era hora de crecer y dejar las ilusiones infantiles atrás. Estuve llorando allí durante mucho tiempo, no sé cuánto y recuerdo que dejé de llorar por mi familia: porque recordé que papá siempre me decía “Llorar es cosa de chicas, mantente fuerte hijo mío”; y mamá, se ponía triste; y los abuelos, me daban chocolate para que no me sintiese mal… También los echo de menos a ellos, sobretodo, cuando íbamos a la iglesia los domingos y la abuela me hacía trajes para que fuera guapo. La echo mucho de menos… Recuerdo menos a mi abuelo, era un tipo grande y mal humorado, no me hacía mucho caso y nada de lo que hacía mi papá le parecía bien.
También hace mucho tiempo que no veo a los niños de mi colegio.. Ya no están en la plaza del pueblo… ni en el parque… No sé qué les habrá pasado, ni si los volveré a ver. Recuerdo con especial cariño a la niña que siempre me miraba de una forma extraña, pero que me hacía sentirme bien; la que, si me caía, era la primera que venía a ver si estaba bien o si me había hecho daño. También la echo mucho de menos a ella… Y a todos los compañeros de clase con los que jugaba en los recreos.
He llegado a la conclusión de que la guerra es muy mala para todos, incluso para los niños, pero aún me quedan muchas preguntas por resolver, por ejemplo: ¿Por qué se empiezan las guerras?, o ¿Cómo pueden los generales dormir después de ver a tantos hombres caer? No sé si de mayor tendré que ir a luchar también, pero espero encontrarme pronto otra vez con todos mis seres queridos, de verás lo espero…

LARA PRENDES SUÁREZ
 2º ESO. IES SELGAS. EL PITO (CUDILLERO)
Fuente imagen:    http://ts2.mm.bing.net/th?id=H.4557000234436437&pid=15.1

Felicidad


Felicidad, rostros iluminados, amplias sonrisas se dibujan en sus rostros.
Están felices, contentos la guerra ha terminado.
¿Deben sonreír? ¿Deben estar contentos? No solo es el fin de una guerra, también ha sido el final de muchos inocentes.
Unos perecieron luchando valientemente, defendiendo lo que creían justo o simplemente por obligación. Otros fallecieron en la lucha por sobrevivir en la mala situación.
¿No debe esto apenarles?
Claro que sí. Pero ellos siguen vivos y es motivo de celebración, ahora tienen la posibilidad de vivir plenamente.
En la guerra nadie gana todos pierden.
No deben perder la sonrisa, aunque crean que no tienen motivos suficientes para sonreír, siempre los hay.
Cada día hay que sonreírle a la vida y ella te sonreirá,
Es cierto que muchos quedaron por el camino, pero los que continúan vivos tienen que seguir adelante, luchar por ellos y en memoria de los que ya no están.
Que tengan ilusión por seguir, que aprovechen esta segunda oportunidad que les da la vida no quiere decir que se olviden de los otros.
Saray Martínez Iglesias
4ºESO. IES SELGAS. EL PITO (CUDILLERO)
Fuente imagen: http://bibliocriptana.files.wordpress.com/2008/11/fin-1-guerra-mundial.jpg