Tras este objetivo se esconde una
vida. Una vida grande o pequeña, desgraciada o célebre. Puede que sea el
asesino de tu hijo, de tu hermano, pero sigue siendo una vida. Una vida que aún
se puede arrepentir del mal que ha causado, que aún puede cambiar y dejar las
armas.
Aunque esa vida no tiene por qué ser de un asesino, a lo mejor es de un niño
que se cruza por el camino, que con su inocencia sólo va a buscar lo que a
otros se les ha perdido. O a lo mejor no hay ninguna otra vida kilómetros a la
redonda, ni siquiera la del cadáver sobre el que está sentado el soldado,
quieto, frío, sin pulso ni respiración. Su hora ya había llegado, y que
tendría, ¿veinte?, ¿treinta años?, ¿tal vez menos? Seguro que sí. Ahora ya no
se mueve, no es nada, pronto su cadáver será tierra, de él quedarán los huesos,
y la ropa, además del recuerdo de su familia, que esperará eternamente
angustiada su imposible regreso.
Por fin ha llegado la hora, el
soldado mira, apunta y...
Nací en una granja, era muy
grande y bonita me gustaba correr y saltar por el prado y tocar con mis pies
descalzos el verde prado, mis padres alimentaban a los caballos, a los perros,
y a todos los animales que había allí y sin duda yo era como ellos,
Vi a mi madre muchas veces montar en caballo pero mi padre por alguna razón no
podía o al menos yo nunca lo vi montar aunque estaba muy ligado a una yegua que
un día se encontró por el manto, mi padre me contó muchas veces que aquella
pequeña y valiente yegua le había salvado cuando se estaba quemando el bosque,
desde entonces le cogió mucho aprecio. Un día la yegua tuvo un potro, yo me
quise hacer amigo de él porque había niños en aquella zona. Al principio no se
me ocurrió ningún nombre pero al ver su robusto y negro cuerpo, todavía pequeño,
decidí llamarlo Fuerza.
Enseguida crecimos y se empezó a
acostumbrar a mí, un día mi padre decidió que yo era lo suficientemente mayor
como para poder montarlo, pero también me dijo que los caballos sienten el
miedo, el terror y la felicidad, además pero yo solo le hice caso cuando me
habló de cepillarlo, bañarlo, darle de comer etc. Pronto entendí lo que significaron
aquellas palabras, fui un experto de los caballos y estuve ahorrando durante
tres años, y cuando por fin ahorre el dinero necesario me compre una silla y
participamos en algún que otro campeonato de la zona, algunos los perdimos y
otros los ganamos, pero a mí solo me importaba mi caballo.
Unos años más tarde todo parecía
que iba normal, hasta que se empezaron a oír unos horribles estruendos, no me
gustaron nada y Fuerza estaba muy alterado, mi madre nos escondió a Fuerza y a mi en una lugar con poca luz, y
muy oscuro, era una especie de cobertizo, con una cama, durante los estruendos
mi madre empezó a gritar y yo salí y até a Fuerza para que no se escapara,
vinieron unos señores, hablaban en otro idioma, pero enseguida vivieron más a
estos si los entendí y me decían que necesitaban reclutar a gente para la guerra yo me resistí
no quería pero me obligaron. De repente algo vino a mi lado era casi como un
rayo, era Fuerza que venía hacia mi,
aquella gente se puso a gritar y me dijeron que les diera el caballo
pero no lo podía permitir, solo tenía dos
opciones darles a Fuerza para que lo mataran en la guerra junto a otros miles de
caballos, o llevarlo conmigo como compañero, el parecía decirme que quería ir
conmigo así que nos fuimos los dos juntos como buenos amigos. Antes de empezar,
me miro le mire, y nos paramos, alguien me disparo en el hombro y yo me estaba
desangrando, Fuerza escapó en cuanto me vio así, me quede inconsciente, no veía
no y oía hasta que alguien me lamió la cara, me desperté con la voz de un
compañero que allí había conocido, allí, junto con Fuerza me llevaron a curarme
y me recupere y finalmente pude volver a casa y correr por el verde campo junto
a Fuerza.
En está foto tengo cinco años,
aunque actualmente tengo doce años; recuerdo ese día como si fuera ayer, fue
cuando comenzó la “Gran Guerra”, “Primera Guerra Mundial” o como prefieran
llamarlo, exactamente hace siete años, en esta fecha, pero en el año 1914,
ahora les diré algo sobre la historia que contiene esta foto, sobre la guerra y
mi pasado….
Me encuentro en las ruinas de lo
que fue la casa de mis abuelos, un rato después de haber perdido a mis padres,
no se como ocurrió; sólo sé que la única testigo fue mi hermana pequeña y
aunque actualmente tiene diez años, no volvió a hablar desde aquel día. Sí,
esta es nuestra historia, pero como la nuestra hubo miles y no es de las peores
historias que hay. Después de cualquier guerra lo único que queda es dolor,
odio, rabia, ruinas y llanto; además de imágenes horribles de asesinatos
crueles que desearías poder borrar de tu mente. Sin embargo, desde aquel día me
pregunto, absolutamente cada segundo de mi vida como conseguimos sobrevivir a
todo y por qué nosotros vivimos, mientras otros murieron. No logró comprender
porque alguien podría querer causar tanto daño en tantos miles de personas,
incluso millones. Por culpa de esa guerra mi hermana y yo nos separamos, tras
el fin de la guerra nos mandaron a un orfanato y como ella todavía era pequeña
la adoptaron al instante, sin embargo, yo sigo aquí y nadie tiene esperanzas de
que me quieran adoptar. Por ello, puedo asegurar con total seguridad que la
Primera Guerra Mundial me arruinó la vida, ahora ya no me queda nada; sólo
sueños y esperanzas que se van rompiendo con el paso del tiempo. A pesar de
todo, sé que debería estar agradecido por seguir con vida después de la peor
guerra, pero a esto no se le puede llamar vida; simplemente no es vida, tengo
recuerdos que me quitan el sueño todas las noches, esperanza de que mi hermana
este bien, hambre y frío, debido a la cantidad de niños que hay en este
orfanato y la falta de dinero que tienen, casi no tienen ni ropa y comida para
todos… Les puedo decir algo muy claro y es que a pesar de todo, no me rendiré,
sé que debo ser fuerte por más tiempo, por mi hermana y por toda mi familia,
esto no es lo que querrían, aguantaré esto y más, porque se lo debo, estoy
seguro al cien por cien que se lo debo, seguramente podría haber evitado su
muerte… No hay un día que no piense en ellos, ojalá hubiera evitado su muerte y
hubiéramos seguido todos juntos, a veces me siento sólo entre tanta hostilidad…
Mi
papá… Me acuerdo muchas veces de mi papá; de cuando, por las noches, me leía
cuentos para que me durmiese o de cuando, si tenía miedo por las bombas me
decía que sólo era una tormenta y que se pasaría enseguida y, aunque yo sabía
que no era verdad, me tranquilizaba y me dormía. Ahora que ya no está conmigo
me lo imagino en las trincheras recordándome todos los días, luchando para que
crezca en un mundo libre de bombas y de gente mala y rezando para que no me
pase nada malo.
También
me acuerdo de mi mamá. En mis recuerdos ella está más sonriente que nunca, no
está ni llorando ni enfadada conmigo porque la guerra ya se ha acabado y mi
papá está de vuelta. La última vez que la vi estaba fuera, lavando la ropa y
tendiéndola; yo estaba en casa jugando con mi coche y, de repente, escuché a mi
madre gritar. Salí fuera y la vi allí…, quieta…, no se movía…, no decía nada…,
estaba muerta… Yo no sabía qué hacer, ¿qué le diría a mi papá cuando volviese y
mamá no estuviese allí para recibirle?, ¿qué haría yo sin mi mamá? Estaba
asustado, tanto que eche a correr sin saber a dónde iba. Después de un buen
rato corriendo, me dí cuenta de que empezaba a anochecer, me paré en un lugar
lleno de escombros, no sabía dónde estaba, ni si volvería a mi casa… Me senté
encima de un montón de tablas de madera apiladas y empecé a recordar todos lo
buenos momentos que había pasado con mis papás, con mis abuelos, con mi
familia… y me di cuenta de que ya no habría más momentos así, ya no habría más
tiempo para jugar ni para pasárselo bien…, en ese preciso instante, me di
cuenta de que era hora de crecer y dejar las ilusiones infantiles atrás. Estuve
llorando allí durante mucho tiempo, no sé cuánto y recuerdo que dejé de llorar
por mi familia: porque recordé que papá siempre me decía “Llorar es cosa de
chicas, mantente fuerte hijo mío”; y mamá, se ponía triste; y los abuelos, me
daban chocolate para que no me sintiese mal… También los echo de menos a ellos,
sobretodo, cuando íbamos a la iglesia los domingos y la abuela me hacía trajes
para que fuera guapo. La echo mucho de menos… Recuerdo menos a mi abuelo, era
un tipo grande y mal humorado, no me hacía mucho caso y nada de lo que hacía mi
papá le parecía bien.
También
hace mucho tiempo que no veo a los niños de mi colegio.. Ya no están en la
plaza del pueblo… ni en el parque… No sé qué les habrá pasado, ni si los
volveré a ver. Recuerdo con especial cariño a la niña que siempre me miraba de
una forma extraña, pero que me hacía sentirme bien; la que, si me caía, era la
primera que venía a ver si estaba bien o si me había hecho daño. También la
echo mucho de menos a ella… Y a todos los compañeros de clase con los que
jugaba en los recreos.
He
llegado a la conclusión de que la guerra es muy mala para todos, incluso para
los niños, pero aún me quedan muchas preguntas por resolver, por ejemplo: ¿Por
qué se empiezan las guerras?, o ¿Cómo pueden los generales dormir después de
ver a tantos hombres caer? No sé si de mayor tendré que ir a luchar también,
pero espero encontrarme pronto otra vez con todos mis seres queridos, de verás lo
espero…
Felicidad, rostros iluminados, amplias
sonrisas se dibujan en sus rostros.
Están felices, contentos la guerra ha
terminado.
¿Deben sonreír? ¿Deben estar contentos? No
solo es el fin de una guerra, también ha sido el final de muchos inocentes.
Unos perecieron luchando valientemente,
defendiendo lo que creían justo o simplemente por obligación. Otros fallecieron
en la lucha por sobrevivir en la mala situación.
¿No debe esto apenarles?
Claro que sí. Pero ellos siguen vivos y es
motivo de celebración, ahora tienen la posibilidad de vivir plenamente.
En la guerra nadie gana todos pierden.
No deben perder la sonrisa, aunque crean
que no tienen motivos suficientes para sonreír, siempre los hay.
Cada día hay que sonreírle a la vida y
ella te sonreirá,
Es cierto que muchos quedaron por el
camino, pero los que continúan vivos tienen que seguir adelante, luchar por
ellos y en memoria de los que ya no están.
Que tengan ilusión por seguir, que
aprovechen esta segunda oportunidad que les da la vida no quiere decir que se olviden
de los otros.